24 jun. 2009

40 años de la reforma agraria



Compatriotas.
Este es un día histórico. Y bien vale que todos seamos plenamente conscientes de su significado más profundo. Hoy día el Gobierno Revolucionario ha promulgado la Ley de la Reforma Agraria, y al hacerlo ha entregado al país el más vital instrumento de su transformación y desarrollo. La historia marcará este 24 de junio como el comienzo de un proceso irreversible que sentará las bases de una grandeza nacional auténtica, es decir, de una grandeza cimentada en la justicia social y en la participación real del pueblo en la riqueza y en el destino de la patria.

Gral. Juan Velasco Alvarado.
Discurso de promulgación de la ley de reforma agraria.
24 de junio de 1969



Lo primero es la sorpresa de que los 40 años de la Reforma Agraria pasen sin ningún tipo de memoria, de recuerdo, de celebración de parte del Estado y del mismo movimiento, todo esto nos dice cuánto ha cambiado el Perú para bien o para mal. Segundo que este aniversario coincide con la aparición de un conjunto de movimientos rurales que no se veían hace tiempo. Lo interesante es que tanto en la Amazonía como en los Andes, la vinculación en las demandas es muy grande en relación a la defensa del medio ambiente, ecología, presencia de grandes empresas mineras, aunque en la amazonía siga habiendo una lucha por el territorio y la tierra.
Parecería que estamos en otro país.

Carlos Iván Degregori
Antropólogo
Miércoles 24 de junio del 2009


La ley Nº 17716 o Ley de Reforma Agraria, anunciada por el general Juan Velasco Alvarado hace exactamente 40 años fue una de las normas más populares, polémicas, y sin duda importantes no únicamente del llamado Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas (1968-1980) sino de toda la historia del Perú republicano. Se trataba de una ley postergada y necesaria para los objetivos del gobierno en varios aspectos. En el campo socioeconómico buscaba resolver el "problema de la tierra" en el Perú, que para la época contaba con una de las peores relaciones hombre-tierra del mundo. En el campo macroeconómico la intención era transformar a la oligarquía gamonal más premoderna en empresarios nacionales, incentivando el canje de bonos en capital empresarial y destinando los excedentes de la producción agraria a la capitalización de industria local, es decir, industrializar el país. En el campo político-militar se buscó erradicar el caldo de cultivo de las revoluciones marxistas latinoamericanas de tendencia guevarista que, entre otras cosas, tenían como principal punto de agenda el tema del acceso a la tierra (basta recordar que en 1962 y 1965 ocurrieron levantamientos campesinos en la zona de la sierra sur y central que alertaron a las FFAA y las impulsaron a resolver este problema estructural). En el campo de los imaginarios sociales, el gobierno militar buscó resolver una reivindicación histórica, la devolución de la tierra a sus dueños ancestrales y justos trabajadores de las mismas, rompiendo una larga tradición que ubicaba a las FFAA como aliados de los sectores de poder económico. Asimismo, esta ley consolidó una nueva serie de imaginarios colectivos gracias a los cuales se expandió el concepto de ciudadanía y de reconocimiento a los sectores populares, empobrecidos y desposeídos del Perú.

La reforma agraria peruana fue una de las más radicales de América Latina y tuvo resultados contradictorios. Lo primero que se debe tener en claro es que fue una reforma incompleta, que favoreció principalmente a los sectores del campesinado mejor organizados, a colonos trabajadores de grandes haciendas o a comunidades campesinas que ya habían realizado toma de tierras en los años anteriores. Los sectores más empobrecidos del campesinado, como en Huancavelica y Ayacucho no se beneficiaron de la misma. En balance, el coeficiente hombre-tierra en el Perú no había mejorado mucho hacia finales del gobierno militar. Como menciona Hugo Neira, la ley de reforma agraria es una sentencia jurídica a un hecho de facto: las tomas de tierra producidas durante la década de 1960.


La aplicación de la reforma agraria en grandes haciendas, convertidas en cooperativas -el caballito de batalla desde el punto de vista económico e industrial- fue corrupta y desorganizada, afectando la producción de muchas haciendas ya descapitalizadas por sus antiguos dueños. Proyectos agroindustriales exitosos como el caso de la hacienda Huando al norte de Lima acabaron fracasando de modo contundente a poco más de una década de su expropiación.

Sin duda es el campo de las reivindicaciones y de los imaginarios sociales donde encontramos las consecuencias más profundas y duraderas de la reforma agraria. La devolución de cientos de hectáreas a comunidades campesinas que habían estado litigando contra los hacendados o gamonales fue un hecho inédito en la historia nacional, el cual rompía con una tendencia de concentración de tierras por parte de una élite terrateniente que se había iniciado a fines del siglo XIX y que en muchos casos se había valido de métodos ilegales y violentos para robarle tierras a las comunidades campesinas, que no pudieron defenderse ante un Estado aliado de dichos sectores y de espaldas a la población. El uso de figuras y la referencia a Túpac Amaru II reforzó la idea de una revolución campesina en marcha y en el retorno a un tiempo de justicia y orden -el alegórico retorno al Tahuantinsuyo mencionado por casi todas las rebeliones anticoloniales del siglo XVIII- que en lo concreto fue un intento de los militares de cambiar los paradigmas discursivos provenientes desde el poder institucional, cambio que produjo una enorme apertura de expectativas en amplios sectores de la población. Estos cambios, que exceden a la ley misma, han configurado al Perú post-Velasco, el de la choloficación y la emergencia del sector migrante.

A cuarenta años de la Ley de Reforma Agraria vale la pena detenerse y evaluar lo positivo y negativo, las consecuencias, los errores y los logros. Es casi imposible pedir un análisis desapasionado, sobre todo por la desinformación y encono que muchos sectores mediáticos manejan con respecto a Velasco. Para los que hubieran deseado que la reforma agraria no hubiera existido habría que recordarles lo que hubiera sido la violencia de los años ochenta y noventa si Sendero Luminoso hubiera tenido como caldo de cultivo la reivindicación de la tierra. Para los que creen que ésta debió ser más radical y profunda, habría que recordarles que este tipo de reformas deben hacerse en gobiernos democráticos con la participación de todos los sectores involucrados. Para los que centralizan este fenómeno en el gobierno militar de Velasco, les recomiendo revisar la historia de décadas anteriores, como el caso del gobierno institucional de las FFAA en 1962-1963 que llevó a cabo un proyecto de reforma agraria en La Convención (Cusco) en 1963, o las promesas de dar una ley efectiva sobre el tema durante el segundo gobierno de Manuel Prado y Ugarteche (1956-1962) y sobre todo durante el primer gobierno de Fernando Belaunde (1963-1968), cuyo fracaso se dio en gran parte por el bloqueo de la iniciativa en el congreso dominado por la coalición APRA-UNO (Unión Nacional Odriísta); o basta con ver que realmente se trataba de un proceso de facto que nació de una de las más grandes movilizaciones campesinas de todo el siglo XX peruano, y que no podía dar marcha atras.

Esperamos que en los siguientes días varios periodistas de todas las tendencias, científicos sociales, y peruanos en general comenten y evalúen este hecho histórico, quizá el más trascendental de la segunda mitad de nuestro siglo XX. Ese proceso perfectible, necesario y verdaderamente irreversible.

A continuación les dejo una serie de recursos que les permitirá informarse y conocer más sobre estos hechos.

Ley Nº 17716 Reforma Agraria
Decreto Ley Nº 17716 Nueva Reforma Agraria
24 de junio de 1969

Revista Agraria Nº 108 (24 de junio del 2009). p. 15-22.
Especial sobre la reforma agraria



El futuro ha comenzado. Filme de Leonidas Zegarra. Guión de César Hildebrandt.



Imágenes del discurso de promulgación de la Reforma Agraria (24 de junio de 1969)



Hugo Neira - Presentación de la reedición del libro Tierra o muerte.



Himno del Peru en los años setenta


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4 comentarios:

RVP dijo...

Gracias Jorge Luis... hago gala de tu entrega aquí: http://espaciodememoria-rvp.blogspot.com/

Abrazo, Rosa

Jorge Luis Valdez Morgan dijo...

Rosa, gracias a ti por la generosa referencia. Excelente el blog Espacio de Memoria, siempre lo reviso.

¿Han pensado en hacer un mapa interactivo de los espacios de memoria en el Perú? Podríamos unir esfuerzos con un seminario que estamos organizando en la PUCP, estemos en contacto.

Jaime Del Castillo dijo...

Muy Bien, algo haremos también en nuestro blog al respecto y enlazaremos tu trabajo.

RVP dijo...

Chapo el guante! Acabo de escribirte al gmail. Abrazo y gratitudes, Rosa