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18 ago 2010

El nombre del Perú: identidad y retórica en los albores de la República

Escudo, de Hernán Pazos. Fuente.

Durante el proceso de construcción de una comunidad nacional es fundamental el uso de una nueva retórica que traduzca al lenguaje común los profundos cambios que se producen en el ámbito sociopolítico. Una nueva bandera, un nuevo himno nacional, escudos, obras literarias, discursos políticos, pinturas evocadoras y por supuesto, el nombre de la nueva república.

En este artículo titulado El nombre del Perú. Identidad y cambio en los primeros años de la República, el historiador Jesús Cosamalón analiza el contexto y los debates -más bien la ausencia de los mismos- que van a llevar a que en nuestra primera constitución (1823) se oficialice el nombre del Perú. ¿De dónde viene el nombre? ¿A qué imaginarios alude? ¿Qué factores condicionan la elaboración del mismo? ¿Qué significa que el nombre sea políticamente "neutro"? Todas esas preguntas son abordadas por Cosamalón. Sobre esto último el autor menciona:

Curiosamente el nombre “Perú” cuenta con la ventaja de no hacer referencia a algún territorio o grupo indígena en concreto, es políticamente “neutro”, no puede ser reivindicado por nadie y permite construir la continuidad entre el pasado colonial y la independencia. Tal vez esto explique el por qué a nadie preocupa esta permanencia, especialmente a los liberales republicanos que no tienen una respuesta acerca del rol de los indios en la nueva etapa, pero que saben del peligro de utilizar más allá de lo simbólico a la retórica incaísta. (p. 11)
En medio del contexto del Bicentenario latinoamericano -el cual el Perú parece observar cual extraño, al menos en el ámbito oficial- es fundamental elaborar y difundir investigaciones que analicen las mentalidades que dieron forma a la república peruana. El autor también llama la atención sobre ese aspecto:

El período de Independencia, hasta hace muy poco tiempo, había motivado menos interés en este tema. Solo recientemente gracias a los trabajos de Pablo Ortemberg, entre otros, ha aparecido un renovado interés en la simbología de la época de la independencia. Como se puede ver en estos trabajos, las banderas, escudos, himnos, procesiones, etc., no fueron elementos poco importantes dentro del proyecto político que se quería aplicar en el Perú, al igual de lo ocurrido en otras partes de América. La energía y dedicación con la cual líderes militares y políticos se encargaron de diseñar y difundir la parafernalia de los nuevos regímenes es sorprendente y resulta tan trascendental como las leyes o discursos ideológicos. (p.2)

El artículo completo (scribd):


El artículo de Jesús Cosamalón apareció publicado en Crear la nación: los nombres de los países de América Latina (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2008, 378 p.), editado por José Carlos Chiaramonte, Carlos Marichal y Aimer Granados García. El libro ha recibido varias reseñas favorables y hasta un especial del diario El País donde no se menciona el caso de Perú. Ante la dificultad de obtener una copia en nuestro país (está prácticamente agotado), el autor generosamente me ofreció la posibilidad de difundir su investigación. Agradezco su confianza.

P.D: Jesús Cosamalón acaba de publicar en El País un resumen del artículo que aquí les presentamos. Con ello se complementa el especial de dicho diario que no contaba con el caso peruano.



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Historia Hoy: Aprendiendo con el Bicentenario de la Independencia (Reportero de la Historia)

Evento: Simposio internacional sobre la cultura visual en la independencia


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14 jul 2010

El cine, la influencia de las imágenes y la historia

El impacto del cine en la audiencia ¿entretenimiento o influencia?
Foto tomada de aqui



El fenómeno cinematográfico es tan complejo que expertos en la materia (de todas las tendencias y especialidades) aun hoy no terminan de interpretarlo. Como todo arte, el cine nos expone un pensamiento o un sentimiento pero nos da la posibilidad de hacerlo nuestro, de reformularlo, de recontruirlo, de entenderlo o de rechazarlo. Pero el cine también es medio de masas, es propaganda ideológica, es medio de concientización, es espacio de crítica social, es testimonio de su tiempo, es documento histórico (historia en sí misma), es el enemigo del pensamiento crítico (en las novelas distópicas se quemaban libros, no filmes, y las grandes pantallas eran las que transmitían los mensajes alienantes) y a la vez un espacio de expresión de quienes hasta hace poco no tenian los medios que proporciona el digital.

Uno de los cuestionamientos más frecuentes que se me vienen a la mente cuando veo un filme que propone una visión articulada del mundo, digamos un cosmos y una clara propuesta acerca del futuro del mismo, y que además es un éxito de taquilla a nivel mundial (pongamos, Avatar), es ¿en qué medida lo visto en la pantalla influencia a los espectadores? No me refiero a que la gente salga de la sala de su multicine luego de atiborrarse de popcorn y gaseosas a gritar: "abajo las transnacionales mineras" ni nada por el estilo. El cine, salvo contadas ocasiones ha conseguido eso y cuando ha sucedido es porque la coyuntura sociopolítica dio pie a manifestaciones post-fílmicas (como en el caso de las proyecciones de Fahrenheit 9/11 de Michael Moore en Estados Unidos, donde las salas de cine prácticamente eran anexos de los locales del Partido Demócrata).

Sobre este tema comparto dos textos que contribuyen al debate. El primero es un post de Carlos González Martínez titulado Sobre la historia y el cine II, dedicado a la influencia del cine histórico en el espectador y en la sociedad. González Martínez afirma:

Es evidente que la televisión y el cine tienen mucha más influencia sobre la sociedad que los historiadores. Las personas forman su composición de la Historia a través de lo que observan en la pantalla y, en ocasiones, con algún libro que cae en sus manos. Los films tienen una capacidad divulgativa infinitamente mayor que la de los estudiosos del pasado, por grandes que sean sus conocimientos o por muy vendidos que sean sus libros. En definitiva, los que forman la conciencia histórica de las personas no son los historiadores, sino la industria del cine. Eso no nos debe llevar a la conclusión de que todo está perdido, sino todo lo contrario: si hay cine histórico es porque la Historia atrae a los espectadores; les interesa. La cuestión pasa a ser qué hacer con el gigante audiovisual; pregunta a la que ya respondimos más arriba. Se trata de influir en las producciones que traten temas históricos, en asesorar a los profesionales del cine para evitar que den una visión distorsionada de la Historia.

Estoy de acuerdo con la primera parte, los medios audiovisuales tienen más influencia que cualquier medio escrito (no sólo los libros) y también comparto la idea que los films puedes divulgar en dos horas lo que un libro en 200 páginas. Pero ahí terminan mis coincidencias con el texto. El "peligro" del cual nos parece alertar el autor es el mismo que ya se expresaba desde los inicios del cine como industria allá por los albores del siglo XX, el reemplazo de los medios clásicos de adquisición de conocimiento por otros nuevos siempre crea miedos y respuestas exageradas como la de "influir en las producciones que traten temas históricos, en asesorar a los profesionales del cine para evitar que den una visión distorsionada de la Historia". Interesante, influir en los filmes para que éstos a su vez influyan de modo ¿correcto, adecuado? en los espectadores. No hay que olvidar que un filme como documento es tan manipulador y manipulable como cualquier otro tipo de soporte, incluyendo los libros (de esos que escriben los historiadores).

Comentario aparte merecería hablar sobre la existencia o validez de los conceptos de "conciencia histórica" o "visión distorsionada de la Historia", eso lo dejamos para otro post. Por último, ¿se imaginan a un director, productor y guionista tolerando los comentarios quisquillosos de un "erudito" en mitología griega para hacer más "realista" la recientemente estrenada Furia de Titanes? ¿O a Mel Gibson, uno de los asesinos más exitosos del "buen gusto histórico", aceptando correcciones en sus mamarrachos fílmicos? ¿Quizá Steven Spielberg debió contratar a algún doctor en historia para que le diga que las Líneas de Nazca no están en Cusco y que los extraterrestres... me entienden, no?

Los carruajes de la antigua Roma, según Gladiator, ya usaban sistema a gas. ¿Será GNV o GLP?

Pero no podemos negarnos a reconocer que el cine, efectivamente tiene un impacto e influencia en la sociedad. No únicamente como un reflejo de la sociedad productora del filme, tesis de Siegfried Kracauer en su obra clásica From Caligari to Hitler: A Psychological History of the German Film, sino como un contraanálisis social, tesis del historiador francés Marc Ferro en su clásica recopilación de artículos Cinéma et Histoire. Pero la influencia se da a otro nivel, no en la de la "conciencia histórica", sino en planos más simples como las costumbres, tendencias, vestimenta, etc. Es decir, ver la última película de Indiana Jones no te va a hacer creer que los mexicanos aprendieron quechua gracias a Pancho Villa (o como sea, y si lo creiste bueno, eres un caso perdido), pero quizá sí te den ganas de ir corriendo a comprarte un sombrero como el del doctor Jones.

La mejor manera de ver un filme

Sobre ese tema el periodista Hugo Beccacece acaba de publicar en ADN Cultura (La Nación) un excelente artículo titulado Cómo el cine nos cambió la vida. En él el autor afirma:

El cine ha sido un activo difusor del consumo y del triunfo de los estilos en la decoración de interiores. Millones de hogares en todo el mundo se adornaron de acuerdo con lo que los espectadores habían notado en la pantalla. Un ejemplo es Laura (1944), una excelente película de misterio de Otto Preminger con la bellísima Gene Tierney en su mejor momento. El film, que se desarrollaba en cuartos y salones elegantes, formaba parte de las producciones que los estudios hacían para atraer al público que no sólo deseaba desentrañar la intriga de un crimen, sino que además buscaba ideas para decorar sus casas. En esos años, había familias adineradas de raza negra que no tenían acceso a ciertas tiendas donde se las discriminaba, pero además estaban las familias negras y blancas que no podían comprarse nada de lo que Hollywood exhibía. Ese público iba a ver películas al estilo de Laura para estar al tanto de lo que se usaba.

El artículo merece leerse completo, sobre todo recomiendo prestar atención a los cánones de belleza masculinos y femeninos presentados en los filmes, desde la despampanante Greta Garbo hasta Sophia Loren, y por otro lado la presencia viril de Marlon Brando o Burt Lancaster. También presten atención a la creación de una estética del suspenso por parte del cine, ¿nunca te preguntaste por qué la oscuridad, una sombra, un ruido, un susurro en la soeldad aun te pone la piel de gallina? ¿Es por instinto de supervivencia ancestral que perdura miles de años, o por culpa de Alfred Hitchcock?

Pero no todo en el cine es pasado. En su intento por imaginar el futuro, la ciencia ficción cinematográfica propone constantemente escenarios y estéticas asombrosas pero a la vez verosímiles. Con el pasar del tiempo, éstos adquieren un valor vintage, pero otros se han vuelto realidad, como en el caso de los iPad de 2001: A Space Odyssey (1968) de Stanley Kubrick o la realidad aumentada que utiliza el cyborg interpretado por Arnold Schwarzenegger en The Terminator (1984) de James Cameron. En el artículo de Charles Arthur hay menciones a Blade Runner, Fahrenheit 451 (no se van a quemar libros, tranquilos) y a Minority Report.

Dos de mis directores favoritos -en lo que respecta a la perfección de la imagen y el respeto por la estética- son Martin Scorsese y Stanley Kubrick. Les dejo un excelente vídeo donde se comparan escenas icónicas de sus filmes. Un deleite.


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15 feb 2010

María Elena Moyano, 18 años después.

María Elena Moyano, ex teniente alcalde de Villa El Salvador, militante de Izquierda Unida y presidenta de la Federación Popular de Mujeres del distrito, durante un acto público en 1992.
Foto: Diario La República. Fuente: Yuyanapaq.



De héroes y tumbas

Toda guerra genera íconos. Héroes, víctimas y victimarios paradigmáticos son recordados y mitificados con el pasar de los años. Su recuerdo nos habla de un relato que trasciende los hechos puntuales de sus acciones y se vuelve colectivo. Un asesino se convierte en un ejército de asesinos. Un héroe ejemplifica el coraje de una sociedad. Una víctima recuerda el dolor de los que ya no están con nosotros. María Elena Moyano es uno de los íconos más significativos del conflicto armado interno vivido en el Perú desde 1980, gracias -a mi parecer- a las siguientes condiciones: mujer, pobre, líder y víctima.

El asesinato de María Elena Moyano (15 de febrero de 1992) se produce en el contexto de la ofensiva de Sendero Luminoso (PCP-SL) cerca a la ciudad de Lima desde 1990. Dentro de la estrategia senderista -según la cual se había conseguido el "equilibro estratégico"- se debía cercar la capital para asediarla y cortar sus vías de comunicación con el resto del país, mientras actos terroristas golpeaban desde dentro a su población. Este cerco se debía producir en los conos, los distritos más nuevos y empobrecidos de la gran Lima, dentro de los cuales Villa El Salvador era uno de los más importantes, no sólo desde el punto de vista estratégico, sino porque allí era donde Sendero debía ganar el espacio popular a otras opciones políticas de izquierda, como las defendidas por Moyano.

Lo interesante del caso en cuestión es que el rol de la mujer en la organización popular en Villa El Salvador era muy importante -paradójicamente en Sendero Luminoso también- y entre todas ellas sobresalía María Elena, teniente alcalde de dicho distrito, sobre todo por su enfrentamiento directo a la violencia, venga de Sendero Luminoso o de los agentes del Estado. Cuando la célula del PCP-SL decide asesinarla, con la brutalidad y cobardía que implica no sólo dispararle al frente de sus hijos menores, sino después dinamitar su cuerpo, a Sendero Luminoso se le cae la careta con la que aun intentaba cubrir su desprecio por la vida humana, sin importar condición social, género u origen. Hasta entonces algunos aun afirmaban que Sendero no mataba a los pobres, pero luego de María Elena era imposible hacer esa salvedad. Detrás de la máscara estaba la insania de la guerra y el radicalismo violentista, nada más.


Memoria activa, memoria política

El multitudinario funeral de Moyano, en los que la organización y participación fue espontánea, fue una clara respuesta de un sector popular y empobrecido contra Sendero. Gracias al sacrificio de una mujer corajuda se derrumbó el mito y se construyó otro, uno propio y que perdura 18 años después. El recuerdo de María Elena Moyano es uno de los más activos del postconflicto, y sin duda sigue en elaboración. La historiadora norteamericana Jo-Marie Burt lo explica de esta manera en su artículo Los usos y abusos de la memoria de María Elena Moyano:

En las semanas que siguieron a su asesinato, María Elena Moyano se convirtió en un personaje icónico. El conflicto en el Perú se encontraba en su punto más alto, y la lucha sobre el significado de su vida y su muerte adquirió especial intensidad en el contexto de los esfuerzos de Sendero Luminoso por captar a los pobres urbanos para su causa, y de los igualmente intensos esfuerzos del Estado por conquistar los “corazones y mentes” de esos mismos pobres. Tanto el Estado como Sendero Luminoso buscaban proyectar una imagen de Moyano que coincidiera con sus propios fines políticos. Sendero Luminoso la retrataba como enemiga de la revolución y repetía infundadas acusaciones contra ella con el fin de desacreditar a la dirigente y al proyecto político que ella representaba y, por supuesto, para justificar su asesinato.

En su construcción de la imagen de Moyano, el Estado sólo resaltaba su postura principista contra Sendero Luminoso, silenciando su postura crítica hacia las políticas económicas y sociales de Fujimori y las prácticas represivas del Estado.

(...)

El régimen de Fujimori se apoderó rápidamente de la imagen construida por los medios de comunicación, que colocaba a Moyano como una heroína y una mártir, especialmente después del autogolpe del 5 de abril de 1992. En el discurso oficial—que buscaba justificar y legitimar el autogolpe—Moyano era retratada como una lideresa comunitaria ejemplar que se había enfrentado a Sendero Luminoso, y cuyo sacrificio constituía una prueba incontrovertible de que los subversivos eran repudiados por el pueblo.

La re-creación y apropiación de la memoria de Moyano por parte del fujimorismo provocó la banalización de su discurso e ideología. Moyano no sólo se opuso a Sendero Luminoso, sino también a las violaciones de DDHH por parte de las fuerzas del orden y a la política económica neoliberal conocida como shock. El impacto y la violencia con la que fue asesinada permitió centrar la valorización de la reconstruccion de la memoria sobre Moyano únicamente en su crítica al proyecto senderista.

Una segunda investigación en curso, elaborada por la historiadora norteamericana Tamara Feinstein busca determinar cómo los principales dirigentes del otro lado del espectro político, la izquierda, celebraron la memoria de María Elena Moyano, y según el caso, cómo la elaboraron, o peor aun, cómo han ido olvidando con el pasar del tiempo a esta exmilitante de Izquierda Unida y ex teniente alcalde por un partido de izquierda de Villa El Salvador. Esta investigación complementa bastante bien la arriba mencionada, y permitirá tener la visión más completa hasta ahora sobre el legado mental de Moyano.


Coraje: Moyano y el ecran.
(Fragmentos de mi tesis de licenciatura)

Estreno: 20 de noviembre de 1998. Director: Alberto Durant. Guión: Ana Caridad Sánchez, Alberto Durant. Productora: Agua Dulce Films, Televisión Española, Hubert Bals Fund International, Morgane Production, Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográfica, Hivos Fund, Foundation Guggenheim Memorial y el Instituto de Cooperación Iberoamericana. Actores: Olenka Cepeda, Salvador del Solar, Jorge Chiarella, Juan Manuel Ochoa, Gustavo Bueno. Duración: 110 mins.

Apenas ocurrió el asesinato, el director Alberto Durant recibió la propuesta de realizar el filme, y se dedicó a la elaboración del proyecto y del guión. Si tomamos en cuenta que el guión fue terminado alrededor de setiembre de 1992, justo antes de la captura de Abimael Guzmán, vemos que el tema del filme para esas fechas cuenta con una vigencia absoluta, a diferencia del momento de su estreno en 1998.

Entre 1992 y 1998 el cine peruano sufrió una de las mayores crisis de su historia reciente al ser derogada la ley Nº 19327. Los proyectos cinematográficos quedaron paralizados por falta de financiamiento, entre ellos Coraje. Su tardío estreno se entiende en este contexto, en el cual Alberto Durant debió buscar financiamiento extranjero para realizar su película. Inclusive en un director como Durant, acostumbrado a estos menesteres, no pudo filmar y estrenar el filme sino seis años después.

Estos dos factores, la atemporalidad del tema para 1998 y la inconsistencia y veracidad del filme son sus principales carencias. Si bien se trata del primer filme biográfico relacionado al conflicto armado interno, el tratamiento del personaje de María Elena Moyano carece de fuerza y solidez, más aún los personajes secundarios, sobre todo en un filme ambientado en un espacio donde la presencia comunal o vecinal es muy fuerte, como lo fue Villa El Salvador.

3. Contexto de la realización

Si bien el tema era sumamente delicado y se filmaba en un momento considerado después del conflicto, el director menciona que no hubo amenazas ni presiones políticas de ningún sector al filmar Coraje. El temor a una represalia de miembros del PCP-SL, con el pasar del tiempo, se disipó. Mientras que el gobierno, interesado en monopolizar la información oficial sobre el conflicto, no mostró interés en el filme, seguramente al darse cuenta que tocaba un tema que excede los intereses políticos del régimen y que no ataca ni critica la posición establecida.
El filme fue rodado entre fines de 1997 y mediados de 1998 en la ciudad de Lima.

4. Contexto del estreno

El estreno del filme se produjo el 20 de noviembre de 1998. Dicho año sólo se estrenó otro filme peruano, No se lo digas a nadie, dirigido por Francisco Lombardi. Si bien la infraestructura de exhibición entraba al auge de las multisalas, el cine peruano en general no salía por completo de la crisis económica en la que estaba sumido desde 1992. El mismo Durant reconoce en una entrevista que la situación para las productoras independientes había mejorado en cuando a exhibición, y se esperaba que la película estuviera en cartelera hasta fines de 1998. El filme, además, llegó precedido de cierta aceptación internacional, al ganar el premio de la Organización Católica Internacional de Cine (OCIC) en Chile.

5. Impacto en medios de comunicación

Coraje fue, en todo sentido, un estreno menor. La presencia del filme en la crítica cinematográfica fue escasa y negativa. La crítica especializada la recibió con escepticismo, resaltando la falta de rigor histórico y la carencia de verosimilitud en la construcción del personaje. Otros medios de comunicación no prestaron mayor atención a la película.

6. Respuesta del público

El filme no tuvo una gran acogida del público: sólo 91 579 personas fueron a ver el filme, cifra muy distante al otro estreno local de la temporada, la ya mencionada No se lo digas a nadie con más de 600 mil espectadores, o de su anterior filme, Alias la Gringa con más de 200 mil. Coraje, asimismo, estuvo ocho semanas en cartelera.

No hubo tampoco un debate en la opinión pública sobre este filme, pues sobre todo pesaba su poco interés fílmico antes que el atractivo del tema. También se debe tomar en cuenta que para 1998 había calado la campaña antisubversiva digitada por el gobierno de Fujimori, a través de la cual se rechazó no sólo a los grupos alzados en armas, sino muchos temas incómodos al gobierno, como la guerra sucia, las violaciones a los Derechos Humanos, o la ideología de izquierda en general, a la cual pertenecía María Elena Moyano.


Moyano y la pantalla chica


Sucedió en el Perú - Programa dedicado a María Elena Moyano (Parte 1)

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Los asesinatos de María Elena Moyano (1992) y Pascuala Rosado (1996) (Informe Final CVR)

Jo-Marie Burt. Los usos y abusos de la memoria de María Elena Moyano (A Contracorriente, PDF)

Memorias en disputa: María Elena Moyano y el uso político del recuerdo (Historia Global Online)

Arenas de Villa. Obra de teatro-creación colectiva en homenaje a María Elena Moyano (Teatro Arena y Esteras)


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